Llegó cansado,
bajó las telas de su espalda y las colgó sobre el madero
Caminaba sin
trémulo hasta el sillón, sin mirar a su alrededor
El cubo de
concreto y pintura no le hacía gracia
De pronto ya
estaba sentado
Depositó sus
ojos sobre la mesa
Letras rojas y
un sello distinguían de una carta
En 10 segundos
ya leía la mitad de esta
Al término, la
arrugó y secó sus lágrimas con el papel
Supo entonces
que se marcharía por la mañana
Con su traje
azul café
Diría adiós
desde la ventana.
Alzó sus pies
de nuevo
Tomó su abrigo,
el sombrero y su maleta
Cerró la puerta
con llave
Jamás volvió
Lo habían abandonado.
(cuadro Munch, como siempre)

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