jueves, 28 de mayo de 2015

La tragedia y la esperanza






Sea mi tarea sagrada la creación de mis propios mundos, mis propios colores, mis ideologías y sea mi eterna condena la ejecución de todas las artes sobre las dimensiones de lo meta verbal, hasta la molécula más íntima de mis muros epidérmicos.

He de ser liberado como el sol ausente de luna ciega
 No podría morir, no, no sin antes haber sido naufrago de tus bocas y eternas lenguas, peregrino del surco bestial entre tus ojos, andante de marchas sin recuerdo

 Arte de vidas llenas ha de ser la copa a derramar sobre nuestros corazones
Mil, cien mil, un millón de vidas más, por la resistencia al amor y venas con tal brío de traspasar la pasión de los no muertos

Lejana y sombría risa, extensa vista al mar, a la nada, al todo
Y ha de ser, por los herreros de mis sueños todo rostro abstraído
No deseo más memoria que mis ropas y melodías sollozas
 
¿Será que no habrá tiempo en vela?
El camino vibra con fuerza desmedida
Soy movido por todos los universos
Por la inexacta ecuación del tiempo

A la ciencia mis creencias, de fe idolatrada, cruz y judas de la mano
Bastaran mil años, dios, para conocer mis enigmas
Testigo de la falsa ruta, sí, he de serlo

¿Pero a quien crees que ensalzas?
¿Al Guernica de guerras empalmadas?
Que podría saber yo, siendo tan eco
De sonidos sin vibrante 

Amores de cuesta empinada
Ataré mis cartas a tus hilos
Seré la seda de tus hijos

Por la pasión a los vivos
No habrá rastro de nuestros sentidos
Me desintegré en tus manos en el primer arribo a tu cuello
Mentíamos tan bien, que se nos olvidó la obra.








lunes, 25 de mayo de 2015

La certeza








Resulta que el sonido de sus palmas les pareció nostálgico, recogieron con tal presuntuosidad sus abrigos de anima disecada, a sus pies el norte de oro y bronce forjado en sus llagas por los puñales de acero ardiendo, por la avaricia de su sangre, más yo era de escuálida mirada, con bríos para ejercer mi marcha hacia los acantilados de lágrimas poseídas por frías y poderosas deidades angelicales.

¡Necio de fe! Gritaban con ímpetu de parto bajo luna agrietada, ataron mis manos a las cadenas de la eterna soledad, quieto, con certeza de aquellos roces con el mar desértico, abismante luz de astros estallados, ¿han de abandonarme alguna vez los anticristos de mis amores? Dejen las lascivas ansias por violentar mi alma ¿porqué de entre templarios desarmados de toda idea celeste, soy yo quien carga la cruz?

No fui traidor a mi bomba de oxígeno, me ennegrece los sentidos evadir la pulsación muscular, por ello, reitero a los dioses de mala muerte mis penares, mis más explícitos deseos, ¡quien sea que el dictador de los destinos humanos y más allá, libere de mi cuerpo toda condena, más cien años de tortura me son inefables en dolor! exorcicen mis horas de presente sol en flor, todos las tumbas que cavé en mi piel, más allá de la carne, más allá de la razón, claven la estaca del alivio y liberen la monarquía de reyes oscuros, a mi fracturado corazón.

Abortaron mis hijos, abortaron mi voluntad y de rojas riveras se cubrió mi cielo.