sábado, 10 de febrero de 2018

Tras bambalinas




No volveré a pedirte nada más, solo que existas.
Krzysztof Kieślowski.



Te llamaré Proteo señor, porque tu forma es la silueta de todas las formas.
No he podido encontrarte en ningún lugar
Tampoco he sentido mi corazón henchido en gracia
Ni he llorado en una catarsis colectiva porque has tocado mi espíritu
Pero, de una u otra manera, sigues implacable sobre mi cabeza, como el martillo que los justos reciben con amor.
Una pregunta escarba en mi cabeza y controla toda acción en mi empresa: ¿Creo en ti por fe o por la egoísta y estúpida idea que engendra una esperanza de salvación?

Dime tu nombre, quien eres o que has hecho
Si eres el tirano judío, un olímpico, la reencarnación de una prostituta, un engranaje maestro que de movimiento a la maquinaria del lenguaje.
¿Eres el sádico que disfrutaba con la desesperación de Abraham?
¿No fue acaso un mal chiste de tu parte?
­­— ¡Felicidades amado ciervo, fue todo una broma de mis querubines, has ganado el paraíso!

¿No eres acaso el mástil de los mártires?
—Ya vendrán tiempos mejores, Dios nos ama. Repite el padre que viola a sus hijos y luego se postra ante un arsenal de símbolos vacíos.
Si tú eres eso, pues condeno YO, mi propia alma a la descomposición sin retorno del sapiens.
Te moriste y cagaste, primer y único versículo.
Lo que hay tras bambalinas terrenales, queda a discreción según la creencia.

 No eres más que la creación de unos cuantos tipejos, casi un modelo económico.
Sí hay algo o alguien, no es siquiera palpable por la lengua
Lo inescrutable, el dilema que carcome los espectros de la heurística.
Hamlet decía: una partícula de polvo nubla el pensamiento.
Y bien, he aquí nuestro más esquivo átomo.

La partícula de las mil verdades, la cruz, el mantra, la tierra, el final.