martes, 25 de septiembre de 2018

La miseria







Asumir lo miserable y efímero del ser es un acto de sensatez y valor indiscutible.
Mirar al pasado es evitar el horror -el horror de la nada-
de un tormento presente en la condición del alma
Sujeta al mundo, vórtice de voluntades terribles.

Un desconsuelo atraviesa el cuerpo, deja un espacio en medio del ser
El pozo de las ambiciones terribles
Se precisa huir de este mediante las oportunidades del mundo
Cruel urdimbre maestra: ¡Los deseos del mundo jamás han de rebalsar la nada!

Que reflejo más inquietante es el cielo sobre las aguas negras de Agosto
Un espejo torturador para quien lleva el castigo de soportarse así mismo durante toda la vida 
Tiempo muerto, la luz se enternece en los ojos de quien logra evadir las tumbas parlantes
Bruñidas de angustia aquellas aguas negras, inexorable reflejo: desespero por negarme.








viernes, 14 de septiembre de 2018

1976

¿Qué es lo había en ti que murió en mí?
Amor.
 Otro día que se pierde en la nada
Y el roce con la muerte me es tenue como una luz crepuscular
Los amantes, furtivamente abren el corazón a la nada, escondidos del mundo, pues este es la herida de quien ama.
Y tú me preguntas si te amo
¿Qué otra cosa podría responder? Nada amo, pues nada hay
Y los hombres vociferantes, esculpen  su engaño y su esperanza en la tierra. Pues somos algo dicen. Luego hablan del sentido, de dioses y destinos
Y la mano sin cadenas se yergue sobre su propia libertad.
Quien huya de la angustia solo retrasa el gran momento
¿De que vale tal voluntad, tal intencionalidad?
¿De que vale la creación humana si somos huérfanos ante la historia?
Llegamos al mundo y antes de eso, nada.
La amenazante nada nos empuja hacia adelante.
Arrojados al mundo cuyo retorno sobre sí mismo resulta aún más vacío
“el ser es ese que no es lo que es y es lo que no es”
El pasado implacable e inmodificable como una roca, nos conduce hasta el tiempo presente, pero no es nada más que una senil estantería, de ridícula nostalgia.
Y lo que no es nos resulta aún más terrible, pues proyecto somos, ¡avanti caro fratello! La vida es avance y hacia adelante somos. Negando la nada como así la muerte como así el sostén de la vida
Pues la unión del ser con el mundo es y será conciencia de la angustia, de la nada y de la muerte
Sin embargo, de la nada nace el punto de partida
Quien desespera muere eternamente, desesperar es morir la muerte
Perder toda esperanza hasta de morir
Que oscuro juego urde la realidad humana.
Tristemente ya no hay nada más
Mirar al pasado es evitar el horror
De un tormento presente en la condición del alma
Sujeta al mundo, mundo de voluntades terribles.







jueves, 12 de julio de 2018

La colina





Desde lo alto de la gran colina, allá en los interminables caminos de la palabra, una bruma de versos impedía el asaeteo del sol durante las primeras horas del alba. Un te amo yerto en la quijada temblorosa se despuntaba de la boca; los ojos bruñidos por el reflejo eterno que se posa en el agua. Alexandra, quien busca la niebla en las mañanas del perihelio. <<Mírame desde lo alto de la colina, como el Dios que juzga sin trémulo alguno en su furia>> No hay piedras que acojan la belleza del tiempo en nuestro próximo camino, ni las piedrecillas del desierto, ni los inescrutables canticos que reposan en el perenne dialogo entre la arena y el mar. Mientras los hijos de hombres nobles revoletean con sus mejillas rojas y labios hinchados por los dulces de fresa, ataviados por un aroma de leche fresca en sus manos; ella los miraba con cierto lamento en su corazón, ansiando tal vida y lozanía, y una candidez que la pusiese a salvo del mundo. << ¿Dónde estoy cuando transito el presente y el pasado? ¿Qué amaré cuando ya no pueda torcer mi columna en la vejez del alma? Todas las flores que dibujé en mi memoria se desvanecerán, las lindes que separan mi cordura del caos también tomarán parte; haré un pacto con el follaje de los bosques e infiltraré mi voz entre sus hojas, confundiré el trino de las avecillas con la voz de poetas muertos, desdibujaré los trazos que me separen de la tierra, me haré tierra con el prado y prado con el buen labrador>>

Ya era mediodía de tanto pensar, las hogazas de pan se endurecían desde la mañana, las ancianas lavaban  ropa, tendían sus sabanas en los pórticos de sus casas, cuya danza les otorgaba el céfiro. Una carreta llena de frutas y vegetales aguardaba por compradores pues el reloj dictaba la segunda comida del día. Pescadores volvían desde la playa, unos empapados hasta el sombrero y sin gloria, otros cargados de pescado fresco, altivos de su proeza. Desde lo alto de la colina que ciñe su sombra al patio de su casa, es que ella lo observa mientras sus vestiduras ondeaban ligeramente, con movimientos cansinos, así era el interior de su corazón esa tarde. Desde la colina lograba contemplar los niños jugando entre los botes, ayudando a sus padres a llevar la carga del día. << Yo no lo amo, ni amo esta voz que habla, ni su hablante, hay un maestro de la escultura en mi frente, esculpe cuidadosamente una cruz, cincelando en ella nombres que no puedo olvidar, es una jaqueca del ánima. Me engañé amando lo que no amaba, y tengo tanto terror al tiempo, incompasible máquina. Yo no lo amo ni amo estos roces con el mundo>>

Sostuvo su pelo ya que el viento aceleró su marcha, el cielo como un lienzo de viejos pintores, se tiño lentamente de tintes sanguíneos, los albatros emprendían vuelo, su sombra dejaba la estampa de los típicos atardeceres, y todo esto para Alexandra era bello, tan bello como el dolor que  acoge la gruta de sus memorias sensibles. El espíritu golpea la carne, de eso no tenía dudas. Estuvo horas sobre la colina, yerma, empinada, ya nada crecía en ella, ni tampoco en Alexandra. Su mirada atravesó la materia hasta posarse sobre las piedras azules que hermoseaban el puerto, y su musgo, albergando formas de poesía que escapan del lenguaje. << ¿Quién es la persona que representa mi espíritu? ¿Quiénes dieron nombre al mar, las piedras o los árboles? No puedo ser yo cuando hay otros que me conforman desde el exterior: Alexandra eres melancólica, eres un bosque asediado por el invierno, Alexandra tienes la nariz de tu madre y te tambaleas como la sombra del sol en las aguas del ocaso>>

Los noctívagos gatos daban el concierto de cuatro cuerdas a las 11 de la noche. Alexandra tenía una bala incrustada en su cabeza, una idea, una decisión, un disparo a la conciencia. Descendió de la colina cuando los marinos ebrios descansaban en los abultados pechos de sus esposas, sedados por el vino y embriagados de languidez. Alexandra caminó hacia la playa, se desvistió, su cuerpo amainaba la tenue luz de luna. Llegando a los pies del mar, detuvo su paso, el agua le parecía cálida, un ligero recuerdo sacudió su espina. Se adentró hasta cubrir su pecho, sintió el abrazo de la muerte como un reencuentro con su infancia. <<Heme aquí padre, heme aquí madre, heme aquí amado mío que respiras bajo tierra y tu carne vuelve al inicio, heme aquí en el comienzo y el final. No fui quien quise ser, ni lo que dijo el hombre de mí, abandono el tiempo en estas aguas, estoy disuelta en esta forma, no ascenderé nuevamente por la colina ni rodaré desde su altura como la niña que eludía la muerte en sus volteretas. No hay sentido para este transitar, ni la palabra sentido posee uno, todo lo que tenemos son palabras para diferenciarnos de la carne y del espíritu, pues nada suma en el lenguaje que utilizan los hombres, no soy Alexandra, ni la hija, ni la esposa, estoy disuelta en el agua, y lo estaré en tu recuerdo amado mío>> Su cuerpo, como una roca de metal se hundió en la negrura del mar, y entonces, todo sonido se aquietó. Los funerales marinos son tan silenciosos como el dolor humano. Las nuevas mareas borraron su paso de la arena y la noche falleció en sus ojos, justo en la inmensidad del alba que estaba por nacer otra vez.

viernes, 22 de junio de 2018

Zocalo






Trozos de silencio devorados por nuestra cercanía
Proximidad necrótica, pajaritos negros en el estomago
Revolotea revolotea pajarito negro que las aguas  no han tomado forma alguna todavía.
Cuadrados negros, rojos y muy altos
Formas caóticas de la muerte dichosa

Tú compones el ritmo de los astros muertos
Suspendidos en tu retina como la primera imagen al despertar
Geometría inexacta de los corazones
¿De qué formas me hablabas aquella tarde que Santiago inundó la cuenca de romances pueriles?

Se bien que hay un espacio entre tú y yo
Hay un punto muerto entre tu carne y mi esqueleto
Una hendidura en los abisales de la sangre
Perpetuo movimiento del miedo.

miércoles, 18 de abril de 2018

Ciclos





En tu espalda parida por amarras, mujer
En tu espalda la muerte, el amante implacable
Trozos anatómicos, armonías graves
La guadaña del hombre ha sido tan voraz contigo.

Tu hijo yace muerto, ojo que sangra en el futuro
Hijo del pecado contra natura
Querida bestia mía, tan amiga:
Tu mano alcanza el horror tras las noches de teatro
Cantabas y bailabas bajo la tutela del caudillo noctívago
He aquí, he aquí sin letargo el martillo de las brujas

Hablaron de un padre:

A
U
S
E
N
C
I
A

Ausencia de la ausencia



La tragedia le concierne a lo eterno.
Un sueño tan hambriento de romper las barreras de la psique
Alojado en un cuerpo que no conoce de laberintos.

Viene la muerte viene la muerte
Viene la muerte querida mía
Viene el oscurantismo de los druidas
Viene el soplo del gran maestro


Polvo, costillas, barro y tinieblas
Boca abajo, contra las piedras
Bajo el gran y primer ciervo
El primer símbolo
La cadena medular
El origen de la historia sin ti.






sábado, 10 de febrero de 2018

Tras bambalinas




No volveré a pedirte nada más, solo que existas.
Krzysztof Kieślowski.



Te llamaré Proteo señor, porque tu forma es la silueta de todas las formas.
No he podido encontrarte en ningún lugar
Tampoco he sentido mi corazón henchido en gracia
Ni he llorado en una catarsis colectiva porque has tocado mi espíritu
Pero, de una u otra manera, sigues implacable sobre mi cabeza, como el martillo que los justos reciben con amor.
Una pregunta escarba en mi cabeza y controla toda acción en mi empresa: ¿Creo en ti por fe o por la egoísta y estúpida idea que engendra una esperanza de salvación?

Dime tu nombre, quien eres o que has hecho
Si eres el tirano judío, un olímpico, la reencarnación de una prostituta, un engranaje maestro que de movimiento a la maquinaria del lenguaje.
¿Eres el sádico que disfrutaba con la desesperación de Abraham?
¿No fue acaso un mal chiste de tu parte?
­­— ¡Felicidades amado ciervo, fue todo una broma de mis querubines, has ganado el paraíso!

¿No eres acaso el mástil de los mártires?
—Ya vendrán tiempos mejores, Dios nos ama. Repite el padre que viola a sus hijos y luego se postra ante un arsenal de símbolos vacíos.
Si tú eres eso, pues condeno YO, mi propia alma a la descomposición sin retorno del sapiens.
Te moriste y cagaste, primer y único versículo.
Lo que hay tras bambalinas terrenales, queda a discreción según la creencia.

 No eres más que la creación de unos cuantos tipejos, casi un modelo económico.
Sí hay algo o alguien, no es siquiera palpable por la lengua
Lo inescrutable, el dilema que carcome los espectros de la heurística.
Hamlet decía: una partícula de polvo nubla el pensamiento.
Y bien, he aquí nuestro más esquivo átomo.

La partícula de las mil verdades, la cruz, el mantra, la tierra, el final.