Cierto
pájaro agitaba el graznido con trémulo ritmo, arrullado en la copa un árbol, húmedo
y con ramas caídas, el sonido del ave se internó en las venas de una hoja
marrón, el viento le fue noble y le dio un paseo bajo el gris telar que cubría
el sol, la nervadura de esta pluma verde alojaba el sonido de inviernos
pasados, días cansados, varias pisadas imprevistas, un charco de lágrimas por
el síndrome de nostalgia que encierra un Domingo. Seguía las oscilaciones que
el viento le daba, un zigzag sin alfa ni omega, de pronto y sin previo asomo de golpe se manifieste Helios con su cegadora luz; intentó alzarse más alto como Ícaro para
tocar el sol, pero antes de convertirse en polvo, se estrelló contra la ventana
de quien toma un frasco de letras y las desparrama sobre un papel, sobre una
hoja, sobre el tiempo que ahonda en la
tinta y así parir entre líneas la odisea de un ave quebradiza, venas café y
piel marrón.
No hay más que decir,
todo lo pensado ya fue dicho en el idioma de la sangre, una vez perdido el
lenguaje, una vez perdida la comunicación, comienza la tercera guerra mundial
dentro de cada, cuando el país en llamas llamado corazón, es atacado por triple
entente que ataca con Logos, razón y ego.

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