viernes, 22 de agosto de 2014

# -23







Cierto pájaro agitaba el graznido con trémulo ritmo, arrullado en la copa un árbol, húmedo y con ramas caídas, el sonido del ave se internó en las venas de una hoja marrón, el viento le fue noble y le dio un paseo bajo el gris telar que cubría el sol, la nervadura de esta pluma verde alojaba el sonido de inviernos pasados, días cansados, varias pisadas imprevistas, un charco de lágrimas por el síndrome de nostalgia que encierra un Domingo. Seguía las oscilaciones que el viento le daba, un zigzag sin alfa ni omega, de pronto y sin previo asomo de golpe se manifieste Helios con su cegadora luz; intentó alzarse más alto como Ícaro para tocar el sol, pero antes de convertirse en polvo, se estrelló contra la ventana de quien toma un frasco de letras y las desparrama sobre un papel, sobre una hoja,  sobre el tiempo que ahonda en la tinta y así parir entre líneas la odisea de un ave quebradiza, venas café y piel marrón.





No hay más que decir, todo lo pensado ya fue dicho en el idioma de la sangre, una vez perdido el lenguaje, una vez perdida la comunicación, comienza la tercera guerra mundial dentro de cada, cuando el país en llamas llamado corazón, es atacado por triple entente que ataca con Logos, razón y ego. 








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