La
niebla cae como un niño atolondrado desde la colina azul
Desciende
sin tregua hasta abnegar nuestra mirada
En la
umbría nos esperan viejos druidas para consolarnos
Conjuros
en lenguas muertas, cera de velas derretida
Todo
es temor en esta terrible noche
Y si
por azar encontrases en tu camino la salvación
Abrázale
con ahínco como el hijo que encuentra su madre
Los
hombres portan el fuego y la oscuridad para hacerle compañía
Todo
lo que es dolor, es también nuestra sombra
Abre tu
pecho para el mundo, para disipar la niebla cegadora
Para
recibir estrellas muertas que caen desde un profundo vacío
El noctívago
celaje siempre es compañero cuando el corazón yace altivo y nada se ha de
temer.
Somos
un poema por tallar en roca, esperando inmortalizarnos, pétreos en el tiempo.
