Suplico al mundo una prórroga para mi muerte
De razones y letrados ingenuos, nutrido el animal de la
consciencia
A los altos cielos suplico un amarre a las manillas del
reloj que habita el centro de las vivencias
En los abisales de aquella esperanza, con implacable
sonrisa, reposa la negación
Abismos de ansiedad y cortejo con la nada flotan sobre el
mar de la razón:
En vano es toda suplica, el socorro es la mejor mentira
Y así como la muerte me es razón para vivir, pues sabiendo
que todo mal no es eterno en el corazón, el latido final dará el
descanso de toda búsqueda decepcionada.
A dios en su trono de podredumbres morales le ruego: no me des
el don de lo eterno una vez muerto
Pues, de existir una vía para el escape de la eternidad, sin
temor la tomaría
Como Napoleón, me coronaría emperador de los muertos
¡Cierren puertas de par en par a todo valle de lo perpetuo!
Valdrá más un segundo de vida que mil horas de tedio y
embriaguez en infinidad
Sapiens, no decanten su vida por los campos donde la muerte
no tiene espacio
Pues matriz de todo sufrimiento es y un sinfín de profetas pondrá poesía arcana a esos desfiladeros
de incólumes serafines
Para toda vida una mentira: lo eterno
Y para toda armonía una verdad: la muerte.

