lunes, 28 de enero de 2019

Sueño y negrura






Suplico al mundo una prórroga para mi muerte
De razones y letrados ingenuos, nutrido el animal de la consciencia
A los altos cielos suplico un amarre a las manillas del reloj que habita el centro de las vivencias
En los abisales de aquella esperanza, con implacable sonrisa, reposa la negación
Abismos de ansiedad y cortejo con la nada flotan sobre el mar de la razón:
En vano es toda suplica, el socorro es la mejor mentira
Y así como la muerte me es razón para vivir, pues sabiendo que todo mal no es eterno en el corazón, el latido final dará el descanso de toda búsqueda decepcionada.

A dios en su trono de podredumbres morales le ruego: no me des el don de lo eterno una vez muerto
Pues, de existir una vía para el escape de la eternidad, sin temor la tomaría
Como Napoleón, me coronaría emperador de los muertos
¡Cierren puertas de par en par a todo valle de lo perpetuo!
Valdrá más un segundo de vida que mil horas de tedio y embriaguez en infinidad
Sapiens, no decanten su vida por los campos donde la muerte no tiene espacio
Pues matriz de todo sufrimiento es y un sinfín de  profetas pondrá poesía arcana a esos desfiladeros de incólumes serafines
Para toda vida una mentira: lo eterno
Y para toda armonía una verdad: la muerte.








sábado, 19 de enero de 2019

Hefesto




Conozco de la sangre, cuyo ávido torrente anuncia: No he de vivir suficientemente feliz.

Asienta su cabeza en el sillón mientras la muerte se pasea ligera frente a sus ojos
No hay descanso para su espíritu pues el verbo se ha hecho con él
Y no hallo más nobleza que las manos de mi padre.

Evocar las hormigas resulta una metáfora abyecta
El trabajo de tal espíritu es la obra de un herrero poético
Entre metales, escombros y martillos, Roma y Alejandría se fundan en su obra.
He de observarle con tal bajeza en mí ser, que su poderosa figura aquieta el dolor del niñito moribundo.
Sin saberlo, el plan maestro ha dado marcha en la pintura sanguínea de sus venas
Nunca he admirado hombres; no hay palabra que determine su existencia
Padre, hombre, hijo, Edipo, no alcanzan siquiera abrazar el emblema cincelado en su pecho:
Habito ad operandum.

Escultor de la vida, apóstol de la madrugada
Si Dios se cruzase en su camino, este lo nombraría el gran artista, por los siglos de los siglos.
La gran proeza de Dios fue haberle expulsado de las alturas.
El soplo de su alma es la ventisca que nutre de oxigeno nuestros recuerdos
La memoria del Atlas moderno, que en su espalda la vida entera se deja caer
La suya y la nuestra.

De mi muerte vagas reflexiones podría dar
De su muerte, únicamente pensarla ya es negrura en el sentir
 Avezado constructor ¿cuándo pondrás el punto de una bala a tu vida?
Cuando el mundo nos devore, destruye a martillazos todo bardal que se presente.
Confieso a mi pesar, que estoy en manos de un pastor y a pasos del sufrimiento inconsolable.






 




miércoles, 9 de enero de 2019

Desde el abismo






Toda célula es la representación del absurdo
De la nada surge lo que aguarda muerte
¿Y lo terrible de ser obligado a nacer dónde queda?
Somos tan insignificantes como un grano de arena muerto en el universo.

Que detestable la tarea del ser humano, creando maravillosas historias
Dioses en las alturas otorgando la existencia, unas cuantas reglas y ya
hemos de caminar-
Cuan fácil resulta un salto de fe o entregar la vida al mandato divino
Ese algo cuya materialidad no es más absurda que su manifestación en el espíritu.