De odiseas y
cantos grises
Primera imagen
De tantos años vividos, los juegos
infantiles de amor eterno terminaron, ¿por la daga de la razón?, quien tenga la
apropiada respuesta, consagre mi vida a la búsqueda de esta.
Solían todos
los astros posicionarse como un cuervo alado sobre el planeta estrellado en mi
cuello, se oían himnos universales; mas adentro, como en una especie de Sol, se
hallaba mi persona, lánguida, vencida por los surcos interminables de una
tormenta veraniega.
Dentro los infartos del corazón agrietado,
navegaba sin pie a hundirse, el trasatlántico de acero alquímico, transportaba
infinitas orquestas de papel, poemas encumbrados hasta la misma Andrómeda, no
había dioses, no existía división alguna, se ocupaban lenguajes simples como el
abrazo de medianoche.
Allí Rimbaud, armado de justicia, dirigía el Réquiem
que colisionaba hasta el último espacio de materia conocida, se alzaron
ecuménicas voces, se unieron todos los besos, se oían los colores de la infinidad, se bañaron de música los océanos en calma, la lámpara de rostro
pálido y brillante blandió su aurora con tal fuerza esa noche, que de las
luciérnagas nadie supo más.
La luna me
daba justo en el pecho, así la tomé, como madre, grial y cruz de mi esperanza...
Segunda imagen
La ópera del
nacer, el parto barnizado de rojo, de flores muertas en la arena, de los ríos y taciturnos mares que hallé en sus manos
Se
escaparon, nos culparon de ser y no actuar, la voluntad de los necios, de los
amores sin latir
En la hora
más tenue, con la frente ardiendo y las palmas sin color alguno, sin vida; me fui
para jamás volver, el gran crucero de pestes emocionales adormecieron mis sentidos,
tomé la mentira como arma y de esta no tuve afán a soportar
Nuestras
bombas sanguíneas estallaron, no nos quedó ni el adiós
Solíamos mirar
el cielo como la misma frontera entre un caracol y la eternidad
No habrá un nunca, no habrá un siempre, no habrá un sí
A la hora de
los despertares, solo me quedó el sol pintado a los matices del mar y un canto
soberbio que me impulsó a amar y de forma más violenta, olvidar.