De vez en cuando naufrago en mi cama, dejo el
ancla en el velador y remo hacia Morfeo
Suelo dormir poco y delirar harto, para mis
amaneceres el sol golpea como una bomba atómica en la ventana, me ciega por
unos segundos pero recupero la vista
Me apresuro a tocar tierra y mis pies se mezclan
con la alfombra, dejo caer una camisa
sobre mis hombros y un pantalón bien arrugado, así como las cartas que no se
quieren leer
Suelo no desayunar, la comida en las mañanas me
llena, pero no el estómago, si no la cabeza
Cuento con una tecnología de punta que permite a
mi cuerpo dormido y sin ganas si quiera de abrir un ojo, tal vez si quiera
pestañar; moverse como un arlequín más, la gente le llama pies.
¡Pon los pies sobre la tierra¡ pero de pasar tanto
tiempo en tierra, ya no distingo el suelo del cielo, camino sobre un camino anti
físico, sin altura, sin largo ni profundidad, son otras dimensiones que no
logro explicar
Para mi suerte en la mañana los aceros sobre
ruedas pasan rápido, van llenos de rostros, pero son muy típicos de un relato
triste, miradas perdidas, nadie comunica algo fuera de su boca, solo cuando
dicen ¡La puerta¡ y las dos láminas de vidrio dejan entrar el sol, todos como murciélagos
y me incluyo, tapamos nuestros ojos para evitar la violencia UV
Llegando al paradero el batallón baja, muchos
corren hacia el cuartel y otros a las catacumbas subterráneas, llámenlas metro,
ahí comienza el infierno, cada planta que se desciende, es un circulo descrito
por Dante, llegando a la base está el Aqueronte y una barca fría, llena de condenados, que estación por
estación, bajan para recibir la
sentencia.
Y a mí, que me espera…
Veinte años no bastan, son muy poco para leerse libros de madrugada o
escaparse a hojear en plazas, pero lo certero es, que cada segundo valía veinte
años de esperanza.
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| Boccioni |

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