lunes, 18 de agosto de 2014

Micro cuento #4





De vez en cuando naufrago en mi cama, dejo el ancla en el velador y remo hacia Morfeo
Suelo dormir poco y delirar harto, para mis amaneceres el sol golpea como una bomba atómica en la ventana, me ciega por unos segundos pero recupero la vista
Me apresuro a tocar tierra y mis pies se mezclan con la alfombra,  dejo caer una camisa sobre mis hombros y un pantalón bien arrugado, así como las cartas que no se quieren leer
Suelo no desayunar, la comida en las mañanas me llena, pero no el estómago, si no la cabeza
Cuento con una tecnología de punta que permite a mi cuerpo dormido y sin ganas si quiera de abrir un ojo, tal vez si quiera pestañar; moverse como un arlequín más, la gente le llama pies.
¡Pon los pies sobre la tierra¡ pero de pasar tanto tiempo en tierra, ya no distingo el suelo del cielo, camino sobre un camino anti físico, sin altura, sin largo ni profundidad, son otras dimensiones que no logro explicar
Para mi suerte en la mañana los aceros sobre ruedas pasan rápido, van llenos de rostros, pero son muy típicos de un relato triste, miradas perdidas, nadie comunica algo fuera de su boca, solo cuando dicen ¡La puerta¡ y las dos láminas de vidrio dejan entrar el sol, todos como murciélagos y me incluyo, tapamos nuestros ojos para evitar la violencia UV
Llegando al paradero el batallón baja, muchos corren hacia el cuartel y otros a las catacumbas subterráneas, llámenlas metro, ahí comienza el infierno, cada planta que se desciende, es un circulo descrito por Dante, llegando a la base está el Aqueronte y una barca fría,  llena de condenados, que estación por estación, bajan  para recibir la sentencia.
Y a mí, que me espera…




Veinte años no bastan, son muy poco para leerse libros de madrugada o escaparse a hojear en plazas, pero lo certero es, que cada segundo valía veinte años de esperanza.




Boccioni




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