Y le hablé desde la fosa:
Bella vida, múdate antes que los gusanos bailen
El peso del cosmos en tus cantares
Vuelves la mirada sobre tu hombro
Descalza corres y abres los charcos de agua
Extiende tus dedos frente a mi carne
Las horas de tu rostro son azules, manos azules,
luna azul
Mientras el miedo escarba en los huecos de la
bravía
La muerte dirige los heraldos que perdieron
gracia
Ten pánico del tiempo, no de la muerte
Iza tu deseo más sórdido y contesta:
¿A quién pertenece mi vida?
Si ahora me abandona, y bien sé que: nunca la
tuve
Una multitud de mejillas rojas, labios gruesos y
manos torpes
Vienen a por el legitimado sueño de ser amados
(Legitimada
mentira de poesía oscura / un amor desalineado del tiempo)
Beben de tus manos disueltas en el agua, reflejo
quemador del tiempo
Ya me cansé: decía el sueño legitimado
Me cansé de abrir campanadas en sus tropas de
huesos
¡Ámame como desees amarme, pero ámame!
Y la multitud delira.
Desterrado de los parpados
Ya nadie te mira
Nadie te ama
¿Quién podría amarte?
Pero dime, ¡quien podría amarte!
Sujetas en tu mano el mensaje de los heraldos
azules
Y envejeces como bruja de Goya
Terca, descompuesta, un arlequín deshilado
Violentado sexualmente por la moral
Culpa: ecuación próxima a reducción
Este día me oirán todos los silencios
La soledad es mi mejor amante
De pronto una imagen:
El universo expuesto en una crisálida
Y tú como el gran configurador
Mi Antígona flameante
Somos las brujas de Goya de eso no hay duda
Círculos y estrellas rojas, opuestas al hijo del
no-hombre
Una confesión desesperada:
Eres hierba muerta, hierba que no macera el
viento
La llama del cirio
Un golpeteo ligero y serías disuelta en el tiempo
Yo no sé qué hablan esos viejos en la plaza
Ellos no saben cuánto pesa en mí el deseo de la
carne, de inundarme en pieles de suavidad incontenible
El gran maestro de las cuerdas, el padre, la
madre, el control
Edipo no habitó en mí, no reconozco madre
Y aún muertos seguimos cavando tumbas en el
océano de la psique
Más y más profundos hasta llegar donde no me
conozco
Y más abajo la niebla.