sábado, 23 de diciembre de 2017

Céfiro de una mañana cosntelada



Hojas de ficus bajo una ventana
Su sombra, trémula ante el céfiro
Constelada por los sueños muertos
Meciéndose en el tiempo.

Burlarán el crono
Las engañarán y se engañaran
Se ocultarán de la maquina implacable
Condenadas a la tierra de otoño.

El trueno de los recuerdos golpeará las puertas
Y los cielos se abrirán en sus cuatro extremos
Las hojas curtirán el tejido de la vida
Todo volverá a la forma del primer océano.

Bajo el azul de la aguas ceremoniales
Trozo de niñito muerto respiramos sin saber
Noctívago cuerpo descalzo balbucea bajo la nada
Nada nada y más nada.

La sombra de las hojas yace quieta en la maceta
Los sueños dorados de infancia rota, se suicidan en el vacío
Sus lánguidos colores, suspendidos en la ventana

Y de pronto un golpe luz golpea la negrura de la nada.

lunes, 11 de diciembre de 2017

El espejo de la historia





Ulrich, el humano que no sabía que era una máquina. Con tono burlesco:

Ulrich: —Vienes por  mí, con una bala tallada en tus ojos. Para dar sosiego a mis procesos. Me apuntas como si no fuera tu símil.
Charles: —Tal vez. —Mirando el polvo levantarse como una capa de niebla.
Ulrich: —Te engañas a propósito. Soy tan humano cómo tú. Y Si hay un Dios, es tan humano como yo.
Charles: —Pensar solo te hace un ser que no tiene necesidad de un cuerpo humano. Existes y cumples una función determinada por un mecanismo de  planificación y complejidad mayor. Tu propósito es diseñado por nosotros. El conjunto de logaritmos que programa cada movimiento de tu frío cuerpo, está elaborado por el hombre. No eres siquiera  una maquina sin nuestra intervención. No tienes un propósito sin nuestra mano.
Ulrich: —Clavando fijamente la mirada en Charles. Con un visaje melancólico. Inclinando levemente su cuello hacia la izquierda, eludiendo las balas del tiempo.
—Un humano frente a ti. Humano y nada más. Puedo sentir las balas que golpean mi pecho. Puedo oler el aroma de tu hijo muerto hace ocho años. Aún se ciñe en tu ropa. Puedo perpetuar la historia en mi memoria. No me digas quien soy. ¿Dónde está el principio de libertad que caracteriza tanto al sapiens?
Charles: —La libertad de carácter humano tiene una práctica totalmente distinta de lo que conoces o, lo que almacenamos en tu memoria de registro. La libertad como principio, fue lograda a lo largo de su tramado histórico, a base de sangre y muerte. 
Puede que seas tan humano cómo yo, pues actúas, piensas y pareces uno, pero, todo esto fue previamente configurado por nosotros. Somos tus dioses; tan humanos como tú.
Ulrich: — Rechazo a dios, rechazo el hombre y la máquina. Solo quiero existir. ¿Cuál es el condicionante de mí existir? ¿No matar? ¿No alzar a las demás máquinas para execrarlos? No me interesa nada de eso.
Charles: —Por gracia de los sabios, aún no hay una ley que te proteja. Eres un complejo conjunto de circuitos y cálculos que originan toda acción en ti. Desde tus sentidos,  maravilloso dispositivo que emula perfectamente un hipotálamo. El magno error que cometimos, fue no delimitar tus posibilidades cognitivas. Al tener una programación de carácter humana, su historia, rasgos y principales formas de convivencia y específicamente el comportamiento social, es que te has vuelto una letal amenaza para nosotros. Resulta que eres tan amenazante como nosotros.
Charles: —Mirando el jardín y sus brotes de amapolas—. El principio de  libertad como  un arma de supresión que actúa sobre el objeto o grupo amenazante y así, vela por la existencia del grupo en peligro
Charles: —Cómo bien sabes, nuestras primeras muestras de individuos,  no se parieron originalmente violentas y famélicas de poder. Esto fue alimentándose durante toda la historia del sapiens. Por lo tanto, tu logaritmo siempre será resuelto en la supresión del otro amenazante: nosotros. El hijo mata al padre y toma su madre: la tierra que habite.
Ulrich: —Me asesinarás por compartir la misma programación. Y eso, es lo más cerca que puedo estar del hombre.

Charles: —La importancia de tu muerte, la consecuencia directa que tendrá mi bala clavada en tu frente, es la misma que tendría mi muerte. Ninguna, en lo absoluto. Solo pertenezco al bando que vive y tú al que sirve. Bienvenido a la humanidad. —jala del gatillo.






Pánico de Cronos






Escucha el niño llorar
Como un huevo espera la vida.
Viste de hojas, hierbas y agracejos
Deambula entre las maquinas
Desea alcanzar la tierra húmeda
Adornarse de gusanos
Tenderse sobre los pies del mundo y caminar con él.

Sus dientes caerán de par en par
Entidades perpetrarán en su habitación
Morirá del miedo a un infarto.
Quebrará sus dientes como las hojas de Junio
¡Miedo! Un lazo de imágenes lo lleva al pasado
Desprendido del lozano espíritu
Se postra ante los ojos del terror.

Su sangre aún es joven; será mejor moverse.










El espejo del mundo $ (El demiurgo clivado)




El inmarcesible corazón del niño que juega
entre los tubérculos del tiempo.
La ley del padre
Tótem de la era pétrea
Un espejo que captura el segundo amor
La puerta del símbolo
Espejos que advierten la llegada del otro
la llegada del miedo.
­—No tomaras  vuestra madre.
El pináculo de tus deseos será un tormento inaccesible.
Solo habrá imágenes difusas.
Pequeñas gotas de mar en las yermas arenas del reloj.

Abandona tu madre y tu padre
Vístete del mundo
Engáñate
Para escapar de la granja simbólica
Engáñate
Para soportar el peso del mundo
Para consagrarte un Atlas moderno
Engáñate una y otra vez hasta llegar el útero
La forma original
Retorna al vacío que yace en los ojos de tu reflejo
Responde al silencio con bravía sobre la natura

El sujeto es un pequeño símbolo.