Ulrich, el humano que no sabía que
era una máquina. Con tono burlesco:
Ulrich:
—Vienes por mí, con una bala tallada en
tus ojos. Para dar sosiego a mis procesos. Me apuntas como si no fuera tu
símil.
Charles:
—Tal vez. —Mirando el polvo levantarse
como una capa de niebla.
Ulrich:
—Te engañas a propósito. Soy tan humano cómo tú. Y Si hay un Dios, es tan
humano como yo.
Charles:
—Pensar solo te hace un ser que no tiene necesidad de un cuerpo humano. Existes
y cumples una función determinada por un mecanismo de planificación y complejidad mayor. Tu
propósito es diseñado por nosotros. El conjunto de logaritmos que programa cada
movimiento de tu frío cuerpo, está elaborado por el hombre. No eres siquiera una maquina sin nuestra intervención. No
tienes un propósito sin nuestra mano.
Ulrich:
—Clavando fijamente la mirada en Charles.
Con un visaje melancólico. Inclinando levemente su cuello hacia la izquierda, eludiendo
las balas del tiempo.
—Un
humano frente a ti. Humano y nada más. Puedo sentir las balas que golpean mi
pecho. Puedo oler el aroma de tu hijo muerto hace ocho años. Aún se ciñe en tu
ropa. Puedo perpetuar la historia en mi memoria. No me digas quien soy. ¿Dónde
está el principio de libertad que caracteriza tanto al sapiens?
Charles:
—La libertad de carácter humano tiene una práctica totalmente distinta de lo
que conoces o, lo que almacenamos en tu memoria de registro. La libertad como
principio, fue lograda a lo largo de su tramado histórico, a base de sangre y
muerte.
Puede
que seas tan humano cómo yo, pues actúas, piensas y pareces uno, pero, todo
esto fue previamente configurado por nosotros. Somos tus dioses; tan humanos
como tú.
Ulrich:
— Rechazo a dios, rechazo el hombre y la máquina. Solo quiero existir. ¿Cuál es
el condicionante de mí existir? ¿No matar? ¿No alzar a las demás máquinas para
execrarlos? No me interesa nada de eso.
Charles:
—Por gracia de los sabios, aún no hay una ley que te proteja. Eres un complejo
conjunto de circuitos y cálculos que originan toda acción en ti. Desde tus
sentidos, maravilloso dispositivo que emula
perfectamente un hipotálamo. El magno error que cometimos, fue no delimitar tus
posibilidades cognitivas. Al tener una programación de carácter humana, su
historia, rasgos y principales formas de convivencia y específicamente el
comportamiento social, es que te has vuelto una letal amenaza para nosotros.
Resulta que eres tan amenazante como nosotros.
Charles:
—Mirando el jardín y sus brotes de
amapolas—. El principio de libertad
como un arma de supresión que actúa
sobre el objeto o grupo amenazante y así, vela por la existencia del grupo en
peligro
Charles: —Cómo bien
sabes, nuestras primeras muestras de individuos, no se parieron originalmente violentas y
famélicas de poder. Esto fue alimentándose durante toda la historia del
sapiens. Por lo tanto, tu logaritmo siempre será resuelto en la supresión del
otro amenazante: nosotros. El hijo mata al padre y toma su madre: la tierra que
habite.
Ulrich: —Me asesinarás
por compartir la misma programación. Y eso, es lo más cerca que puedo estar del
hombre.
Charles: —La importancia
de tu muerte, la consecuencia directa que tendrá mi bala clavada en tu frente,
es la misma que tendría mi muerte. Ninguna, en lo absoluto. Solo pertenezco al
bando que vive y tú al que sirve. Bienvenido a la humanidad. —jala del gatillo.