¿Qué
voces oigo cuando me recuesto sobre la tierra?
el
fragor de las tumbas mancilladas, de los amoríos baratos
de
la candidez, del vivir para vivir y no para morir.
¿Dónde
estarán los cadáveres de aquellos poetas y sus flores muertas?
No
recuerdo ya el día anterior
Muero
incansablemente por la siguiente hora
Desvisto
mi carne de palabras, quiebro el lenguaje contra mi rostro
Y
somnoliento, me deshago en la hondura.
Todo
grano de tierra que yace bajo mi sombra
Y
todo aire que empuja el sonido de la muerte sobre nuestra boca
Es
también la nervadura del hombre
La
pedregosa mirada del mundo sigue inerte cómo el pasado
Vemos
el fuego consumirse a sí mismo
Y
el agua fluir en un eterno cambio
Pero
esto no es más que un lacónico instante de reposo.

