martes, 29 de octubre de 2019

Calbuco







1

A través del herbaje,  amainado por el céfiro de media tarde
Sigilosa entre la hueste, zigzagueando el tic tac del tiempo
Poderosa amiga, los campos te pertenecen al morir la luz en las alturas
y se abren sobre tu pecho cuando el alba se extiende desde tus pies hasta la eternidad
No he visto ocaso más letal que tus ojos cerrándose en el perpetuo reposo.


2

Abatido padre, tus ojos discurren a través de mi vida y cual hijo retorno a tus brazos y luego me dejas, cómo labrador de la tierra, del dolor
Tu palabra se yergue cómo la voz de dios en el trueno y tu recuerdo es mesura
Mi pecho se angosta con cada año, del vientre al vacío ¿habré amado cómo debí?
¿Habré tomado el mástil de mi vida?
Tan lejana la respuesta que en cuanto se atrapa, cómo arena discurre a través de nuestras manos y absortos, inertes, nos disolvemos con ella en el agua.













jueves, 17 de octubre de 2019

La mentira, el desamor, la eterna espera por la nada




Y por más que desespero, con tal intento de realizar
en que las runas hablaron tan bajo cómo la resonancia de dios
Y tú en la mirada febril que tropieza con mi sombra
Y que, arrastrado hacia mi mismo sea
Pues, mientras más se mienta, más se duda, no se puede vivir con eso
¿Cuál es el precio de una voluntad inerte? Condenarse a la nada

Y otra vez mi corazón se cubre de tierra, filtrando el polvo por mis venas
Morir de amor en amor, traicionado, desalojado de toda confianza
Heme aquí abandonado a mí mismo
Será mil veces mejor vivir en la sombra, fuera de todo margen que entregarme a la dolorosa posibilidad de amar, una bala tras otra
Al fin caigo al piso y tú sigues implacable, cómo la mentira que sostuviste desde el inicio.












jueves, 3 de octubre de 2019

Post tenebras lux





Puesto que arrojado a esta vida me conoces
Estrellado contra tu corazón me encuentro desde tal cruce entre tu mano y mi rostro.
Los recuerdos bruñidos de nostalgia, cuan vivos yacen en nuestro presente
Y sin duda alguna, en toda memoria reposas cómo el fuego que alumbra y consume las sombras.

¿Qué temores se yerguen sobre nuestros álgidos pensares?
¿Habrá de matarnos el amor o hemos de matarle?
Arrinconada en mi cabeza se encuentra la posibilidad de dar el punto de una bala a esta unión inescrutable.

Años atrás la muerte me era ajena, pero en cuanto desperté hacia la vida, advertí entonces que no podría amarte para siempre y que la eternidad, risueña se burlaba de nosotros
Si mi respiro un día cesa, no he de temer ya que experimenté la eternidad de la finita vida en tus brazos.

Entre la distancia y la defensa fue nuestro preámbulo.
El destino, celoso nos perseguía, cómo el tormento de la razón ante la pasión, pues ante la necedad de amar, dos desdichados se funden en lo que llamamos tú y yo.