1
A
través del herbaje, amainado por el
céfiro de media tarde
Sigilosa
entre la hueste, zigzagueando el tic tac del tiempo
Poderosa
amiga, los campos te pertenecen al morir la luz en las alturas
y se
abren sobre tu pecho cuando el alba se extiende desde tus pies hasta la eternidad
No he
visto ocaso más letal que tus ojos cerrándose en el perpetuo reposo.
2
Abatido
padre, tus ojos discurren a través de mi vida y cual hijo retorno a tus brazos
y luego me dejas, cómo labrador de la tierra, del dolor
Tu
palabra se yergue cómo la voz de dios en el trueno y tu recuerdo es mesura
Mi
pecho se angosta con cada año, del vientre al vacío ¿habré amado cómo debí?
¿Habré
tomado el mástil de mi vida?
Tan
lejana la respuesta que en cuanto se atrapa, cómo arena discurre a través de
nuestras manos y absortos, inertes, nos disolvemos con ella en el agua.


