¿Qué es lo había en ti que murió en mí?
Amor.
Otro día que se pierde en la nada
Y el roce con la muerte me es tenue como una luz crepuscular
Los amantes, furtivamente abren el corazón a la nada, escondidos del mundo, pues este es la herida de quien ama.
Y tú me preguntas si te amo
¿Qué otra cosa podría responder? Nada amo, pues nada hay
Y los hombres vociferantes, esculpen su engaño y su esperanza en la tierra. Pues somos algo dicen. Luego hablan del sentido, de dioses y destinos
Y la mano sin cadenas se yergue sobre su propia libertad.
Quien huya de la angustia solo retrasa el gran momento
¿De que vale tal voluntad, tal intencionalidad?
¿De que vale la creación humana si somos huérfanos ante la historia?
Llegamos al mundo y antes de eso, nada.
La amenazante nada nos empuja hacia adelante.
Arrojados al mundo cuyo retorno sobre sí mismo resulta aún más vacío
“el ser es ese que no es lo que es y es lo que no es”
El pasado implacable e inmodificable como una roca, nos conduce hasta el tiempo presente, pero no es nada más que una senil estantería, de ridícula nostalgia.
Y lo que no es nos resulta aún más terrible, pues proyecto somos, ¡avanti caro fratello! La vida es avance y hacia adelante somos. Negando la nada como así la muerte como así el sostén de la vida
Pues la unión del ser con el mundo es y será conciencia de la angustia, de la nada y de la muerte
Sin embargo, de la nada nace el punto de partida
Quien desespera muere eternamente, desesperar es morir la muerte
Perder toda esperanza hasta de morir
Que oscuro juego urde la realidad humana.
Tristemente ya no hay nada más
Mirar al pasado es evitar el horror
De un tormento presente en la condición del alma
Sujeta al mundo, mundo de voluntades terribles.