lunes, 28 de marzo de 2016

A mi muerte




Ejecutaré los movimientos adecuados dentro de este tablero, mis alfiles cobrarán la sangre, los peones serán jinetes
Y la paciencia tendrá un rey ahorcado desde la torre.







A la muerte daría una cancioncilla de pajaritos tristes
Un bello parto de flores hambrientas por elogios

A la muerte le daría el tembloroso abrazo
Una venda que ciegue el juicio inexorable

A mi muerte daría un tinte narcisista, claro que sí
Desear sinfónicas italianas para el acorde tanatológico
¿Quién no desease a Leoncavallo para una última ópera patética?

A la muerte daría un beso poco sincero
Estilo judas, sufrido, sabiendo que la cruz me espera
Sabiendo que la hierba aplastada por mi pies
Se volverá un dulce negro

A mi muerte  congregaría poetas muertos
Compositores del olvido
Estoy seguro de la asistencia del Die Brücke
Der blaue reiter o los impresionistas humillados

Para mi muerto pan y verso
Vino y cenizas
Tumbas, cemento y pétalos secos.


Arremete






Ya desprendida la hoja de su otoño
Ya acomodado el cantor pajaristico en su nidal
Poetizadas todas, todas las desanimadas postales
Y que esta hora me nombre hereje primaveral
Asesino de la bella y pesada tempestad humana
Trozos de niebla fresca bañada en los ojos
El frio
El barroso tiempo que atestigua la tragedia
Y tu rostro anestesiado en las altas lluvias
Altos vitrales azules

Hablaba su abatimiento desde la cofa solar:
El tipo pintado de muerto que esconde su anatomía tras el cierre
Su lana vieja, opaca y despreciable
Bajo el techo de árboles muertos
En sus maderas y frazadas pasadas a muerto
Con las desteñidas fotos de sus hijos muertos
Con la pena de hombre muerto
Sedujo la muerte y está aún más sádica, se negó a darle una mano
Pero él no está muerto
Está en el dulzor de una risa penosa
En cada memoria dispuesta en la ventana
Que no me alcance la muerte
¡Que arremeta!