Este
silencio que rueda sobre los andrajos de mi boca
Y con
presunta nobleza aquieta el musculo vocal
Cual
esfogado indigestado de versos muere en esta quietud
No
hombre sino niño, enmohecido en los juegos de madera
Ahora,
abierto el páramo de sombras, se muestra lo que mis sueños no permiten ver
Una
señal de señales, impacto de una bala, un salto de fe hacia el mundo
Este
silencio preñado de tiempo, de eterno flujo sin paraje alguno
Que
sin ánimo de bailar sujeta mi brazo y me lleva por los desfiladeros de la
memoria
Para
volver a cincelar palabras, sepultadas bajo prosa negra
Este
silencio atiborrado de nada, de espera, de fatigar la espera, de fatigar el
ansia
Después
de este susurro de muertos y callejones constreñidos, habré de alzarme sobre el
sonido
Le
tomaré por esposa, amiga y ejecutora, tomaré el silencio por las astas
Aquí,
en este charco de versos, agua densa y oscura, de barro hasta la lengua
De
aspiraciones sin acción, de habitaciones vacías conmigo dentro
Del
vacío que hay en el vacío
en
este cabeza encuentro el mayor embate:
Una
voz imperecedera que desea morir de un grito en vez de esperar la muerte en el
silencio.