jueves, 30 de enero de 2020

Silencio y desespero



El silencio de dios



Y Saúl, la primera piedra de Israel, conoció entonces el silencio. La distancia de Dios es la distancia del padre y que todo hombre le llore es honroso: la perdida de la vida y la resurrección. Esto bien lo sabía, y enmudecía el corazón de Saúl, rey primero de la tierra santa.

Sombras de Filistea rasqueteaban sus sueños, perdió la esperanza de morir, ya que, esta le sería una ofrenda en comparación al terror del silencio de Dios.

Endor contestó su clamor, la necromante vestida de niebla reveló  sus designios, aquello que vió el rey no fue a través de Dios, sino del pecado.

Aquél que fue enterrado en Ramá, el juez hebreo, flotaba en nubes sobre el abismo envuelto en un manto, con enfado escrutaba el rostro de quien le invocó: ¿Cuál divina razón perturba mi descanso?  Cuidaos de la ira de Dios, como fuego en las venas es su ira y la compasión calla por completa.

A David, el gran rey de Israel será entregado tu reino
Débil como las hojas muertas de invierno fue tu corazón.
Aquel que duda es libre, pero quien sea libre de mí, jamás será salvo.
Samuel, con el estertor: El Señor te entregará a ti y a Israel en manos de los filisteos.
Mañana tú y tus hijos se unirán a mí, y el campamento israelita caerá en poder de los filisteos.

Así despídeme padre, porque desde tus brazos hasta la tumba, habré vivido cómo desee o al menos, responsable fui de toda decisión y no hay muerte ni vida sobre la cual regresar o avanzar.