jueves, 19 de marzo de 2015





El cortejo de la boa azul






Humanicé hasta mis más recónditos poemas, en el altar de los amaneceres, se pintaron de azul todas las esperanzas y la vida misma se hizo eterna, esta, disuelta en las manos de la inocencia.

No poseo tal fuerza pero si tal ímpetu para doblegar mi propia verdad, y quien más si no yo, el portador de la desdicha en jubilo. En mis tormentosas aventuras, sobre los fangos de tierra hostil, pálido como un cirio, me encaminé hacia los vanagloriados nueve circulos de la fe traicionada, sí, la fe solo concédase como traición, ¿Dónde se fueron mis dioses cuando se halló mi inocencia crucificada? En los arboles del prostituido Edén. 


Mi viaje fue más sátiro, más turbulento que el anterior y cual serena marcha fúnebre a los pies de un sakura de tonada melancolica, más allá de eso, logré llegar al infierno y tan cruel son mis pasares, que hallé un frio subsuelo de espectros enmohecidos, se me congelaron hasta los colores, y yo que ansiaba arder, que añoraba ver el sol haciendo el amor al viento furioso, hallé agua, impura, segregada del cáliz bendito, mi corazón fue erosionado, aun así  no entregué suspiro de mis caídas, la gravedad corrompe al tiempo dígase del pensar relativista, junto a mi esperanza que aguarda en un poderoso marco de histeria y maniáticos valles de azúcar amarga.


Solía robar el acento nostálgico del invierno, me abrigué de azul y gris en las piernas, enfundé mi espalda en la tempestad callejera ¿y dónde estoy ahora? En la torre de Babel, donde infinitas lenguas y sofismos son vigilias de un descenso inexorable, la memoria tapizada de risas y el derramado amor de unos vagos amantes, ¡qué tiempos vivo!, la torre es fuerte y en contraste con la realidad, esta casa está galardonada de un amor insostenible, el rio de palmas para construir la historia, los siete mil brazos, dando el abrazo divino, el calor de una ovulación, las siestas sobre un roble de tristes años, el manto de oleo blanco que me empaña el techo azul, es más un cuadro renacentista, pero más allá de liberación del espanto, mi corazón sigue intacto, en vela, de luto.