lunes, 17 de octubre de 2016

M.V





A Moisés Valverde, esta vez, su tierra será fértil y adornada de amores.






¿Y las estrellas soñadas?
¿Y todo lo que amé?
¿Y mi hija, mis padres, mis añoranzas?
Estas preguntas incontestables como la puta que nunca se enamoró de mí

Escuché de callejones que eran bloques sobre bloques rojos azules verdes muertos todos
Que las estrellas soñadas son huéspedes en la pipa de cobre
Que el pánico de mortis le extrae cada tres fuegos un grano del alma
Que las maestranzas de  vida las ejercen los suicidas
Que tras las pálidas se les ve oscilando una convulsión vomitiva

Vi despedidas entre aceros explosivos
Y canticos homéricos para los héroes de la
Tierra que duerme bajo el halo de la campana azul
Los espasmos por la infección sanguínea
Los poderosos druidas abrazados de su delirio más sádico:
¡Sáquenme de aquí, ayúdenme por favor!
¡Mátenme!
Apoyado en la reja, con su chaqueta de cuero, soportando la muerte.

Enunciaron la triada negra en las canchas de ancianos polvorientos
encriptados bajo los vidrios molidos del alto muro
Llamaron a dolorosas voces  pensando que se irían con los funerales

Hace pocos días enterraron a un antiguo amigo
el vio mis pasos de infancia sin catalejos que adviertan males
Murió por mano extraña, violenta madrugada
Abrió la puerta de su pieza, se recostó y de eso nadie nunca más le oyó discurso
Y que el fuera visto como el cerezo infértil que marchitó su propia tierra
que sus raíces bebieron del agua estancada en las cunetas
Ese día sin saber cuál era esa culpa que les comía la garganta
Se despidió a su estilo, entre vasos de vino y festejando la muerte

Muchos jamás lo consideraron siquiera un mortal
lloraron por culpa y otros por emoción colectiva
Tenemos un vacío porque en el vieron lo que no querían ser
Y yo veo el final que otro bueno amigo, espero no padezca
A su memoria le dejo mil última sonata negra
el epitafio que guardo de su vida:
El poeta que no escribió, sangró.