Ven, siéntate, sin apuro, sobre el pedestal que
las ninfas helenísticas tejieron bajo la historia que han develado tus pies
Ven, y así como tus prosas sonoras hienden esta
tierra
Extrae mis silencios y sollozos de esta carne
macerada por lagrimales
Sostengo esta vida en mis brazos, mirándome en
plena inocencia
La dejo caer sin aferro y yo me extiendo hasta las
urnas que cuidan la muerte
Quisiera preguntar, sin esperar respuesta, solo
ver la interpretación facial que ofrecerás cuando haga esta pregunta
Y esto, es así:
¿Sabrás aunar tus dedos, exhortados por la
tersura; a mis cansadas manos cuando requiera tu alma como diáfana que ponga
sosiego a mi oscuridad?
Con certeza, abismante y terrorífica certeza,
detengo mis pasos
Tú tiempo a mi tiempo, abatidos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario