Para expandir su lenguaje, aquel efebo de risa
inmolada
Violentó sus sentidos contra la esfera de agua,
tierra y sapiens
Descubrió micro maravillas, por ejemplo
Las ciudadelas carmesí, de arquitectura italiana
silgo XVI
Albergadas en el corazón de la fúnebre caída que
expone un nido de aves en el génesis otoñal
Para expandir su lengua, desprendió todo color del
cuerpo
Una manzana blanca, cabello blanco
Ojos inexistentes, huellas pálidas que deja su
paso
Así, recién parido para la hermosura cromática
Camina sin trémulo hasta las fachadas del prisma
Se trajea de verdes biológicos, flora y fauna
vibrante
De café, como añorando las llanuras de un amor
perdido
Del lánguido amarillo que abraza en cada espiga un
campo de trigo
De las punzadas en el pecho, del temblor en la
boca
De los nervios convergiendo en su abdomen
De rojo, ¿de que otro color sería la vida en su
máxima gracia y tangible belleza?
Para expandir aún más la cavidad de su corazón
Para volverla una maquina compulsiva de contracciones
cardiacas
Para regresar a Blake desde su romanticismo
Se disolvió en la poesía
De su empeño
Solo se le haya en papel.
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