Nunca
me sentí tan profundo en el mar
Estando
tan lejos de este
Sin
oler la sal que grita en mis heridas
Sin
el manto de vitrales góticos en una puesta menguante
Sin
bajar los pies hasta la tierra
La
tierra y grano de ardiente abrazo
La
arena rompiendo la piel
Una
forzada sonrisa queda estúpidamente dibujada en el rostro
Muerte
Soledad
Silencio
Se
tejen de vena a vena cuando la brisa golpea los ojos
La
tarde está desahuciada
Arrojada
sin honra en un pantanal retiro de ancianos
Ese
sol que miente en las alturas astronómicas
Paso
de furiosa bestia
Vino
añejado de tumbas pétreas
Y
yo me entierro
Junto
al castillo de arena barrosa
Derribado
por la sangre de mi sien.
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