El
cortejo entre el miedo y la bravía es digno de hilarse
en
manos de escribanos con un sufrido léxico
Puede
en su plenitud, con inalterable paciencia
devorar
cada glóbulo circundante de tu sangre
del
radio corporal
Que
gravedad ejerce presión al miedo
cuando
se debe ser un abismante jaguar
contra
la daga roja que se autoproclama amor
Mustias
hojas puestas sobre la ventana
Una
raíz siniestra arrimada a los canticos otoñales
La
necedad de ser longevo en actuar
nos
ha pasado por ingenuos quinceañeros
Enamorados
de las tarde aceleradas por un fuego pulmonar
Y
el miedo calla mil bocas
Y
la bravía evoca el suicidio moral
Descansa
marchito efebo en la ciénaga de los poetas azules
El
pacto poético es bravía a la vida pura
Rabia
espumosa de las tripas y sus estridentes gritos literarios
Solo
se pide un Mayakosvki que ponga el dolor en su lugar
con
el debido cuidado y sutileza que el miedo nos has otorgado
casi,
casi por castigo divino.
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