jueves, 26 de noviembre de 2015

Un viaje o cien




El humo tangible en mis manos y labios
Destrona el cáliz sonoro de la cosmo-sinfónica láctea
Sumergidos, inmersos en piezas poesexuales de jazz
Recostados sobre las mantis espectrales, las cabezas rodarán pronto
De las oberturas murales donde clavos oxidados crucificaron la memoria
El techo blanqueado, nevando pesadamente sobre la cama
Vendrá vendrá, esa, la dama blanca, la ninfa japonesa
Desollando cada cuello que encuentre
Piden perdón todas las aves que orbitan la lámpara de luciérnagas

Gentil Mozart, al enterarse de mi caída, accedió interpretar por primera y exclusiva vez
Después de 224 años en silencio, su aclamado Requiem
Yo, un poco más “desavanturado” tomé ciertos estupefacientes
Que ayudaron a moldear mis huesos armónicamente
Desde Requiem Aeternam hasta Lux Aeterna

Luego abdicaré de esta escena, la belleza ha muerto muchas veces en mi boca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario