Puesto
que arrojado a esta vida me conoces
Estrellado
contra tu corazón me encuentro desde tal cruce entre tu mano y mi rostro.
Los
recuerdos bruñidos de nostalgia, cuan vivos yacen en nuestro presente
Y
sin duda alguna, en toda memoria reposas cómo el fuego que alumbra y consume
las sombras.
¿Qué
temores se yerguen sobre nuestros álgidos pensares?
¿Habrá
de matarnos el amor o hemos de matarle?
Arrinconada
en mi cabeza se encuentra la posibilidad de dar el punto de una bala a esta
unión inescrutable.
Años
atrás la muerte me era ajena, pero en cuanto desperté hacia la vida, advertí
entonces que no podría amarte para siempre y que la eternidad, risueña se
burlaba de nosotros
Si
mi respiro un día cesa, no he de temer ya que experimenté la eternidad de la
finita vida en tus brazos.
Entre
la distancia y la defensa fue nuestro preámbulo.
El
destino, celoso nos perseguía, cómo el tormento de la razón ante la pasión,
pues ante la necedad de amar, dos desdichados se funden en lo que llamamos tú y
yo.

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