martes, 29 de octubre de 2019

Calbuco







1

A través del herbaje,  amainado por el céfiro de media tarde
Sigilosa entre la hueste, zigzagueando el tic tac del tiempo
Poderosa amiga, los campos te pertenecen al morir la luz en las alturas
y se abren sobre tu pecho cuando el alba se extiende desde tus pies hasta la eternidad
No he visto ocaso más letal que tus ojos cerrándose en el perpetuo reposo.


2

Abatido padre, tus ojos discurren a través de mi vida y cual hijo retorno a tus brazos y luego me dejas, cómo labrador de la tierra, del dolor
Tu palabra se yergue cómo la voz de dios en el trueno y tu recuerdo es mesura
Mi pecho se angosta con cada año, del vientre al vacío ¿habré amado cómo debí?
¿Habré tomado el mástil de mi vida?
Tan lejana la respuesta que en cuanto se atrapa, cómo arena discurre a través de nuestras manos y absortos, inertes, nos disolvemos con ella en el agua.













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