miércoles, 20 de enero de 2016

Impulso de poesía mal controlado





Epitafio





Construido bajo el temor
Con dioses paganos de mejores tiempos
Estrellas rojas devorando fe
Mentiras sangrantes
Llagas esquizofrénicas
Paris canto con velas muertas en la retina
Inaccesibles diurnas vasos de leche entre senos
Regresaré a tu estrella para oler tierra fértil
Trajín de horizontes adyacentes al sol
Películas nocturnas Santiago en letargo
Amantes ebrios iracundos
Poetizando de tóxico amor Yungay
Lirica trizada escribas enamorados
Recordarán los años idos el dolor
Una puesta de austeros rostros en el tarot
Que dirán la muerte es muerte y la vida un dios
Reminiscencias adornando cajones polvorientos
En la frontera del recuerdo
Los espectros indeseables reinan
Y todos los silencios violan tu inocencia carnal


Cantico

Nos hablaban los suicidas, poetizidas que la muerte es un alfil
Que la sangre busca en diagonal las esfinges de un lamento
Que los reyes sobre astros vagabundos queman versos
Los rincones milenarios donde espermas saborean el nacer
Que las hembras traicionadas son más fieras si se trata de vivir

¡No me hables de amor!

También nos hablaron meticulosamente sobre las torres que han construido en las cabezas, estos esclavos de las palabras tajantes que como navajas diseccionan nuestros corazones y la autopsia resulta violencia tras morir
Para los ojos más sensibles hay un manto de aves azules
Que nos recuerdan alguna infancia no tan feliz

¡No me hables de amor!



A la derrota los reproches frustraciones masturbaciones de un elixir poco ético
Sordos y patéticos cantando como si el alba fuera a venir
Porque le temen a la noche y la noche defiende con miedo
Porque el miedo es el arma que registra los sentidos
Para darle coordenadas sobre cómo actuar en ellos
Debilitar nuestros caminares, singulares obras de teatro griego sin fin
Los cadáveres más escépticos se preguntan si la muerte es un abrazo o un beso

¡No me hables de amor!

Asustado yo corría en los jardines de mi padre
Atolondrado me bastaban dos monedas y un amigo bien amable
que jugara allí en mi alcoba
Que manoseara mis entrañas
Y se abrigara con mis notas

¡No me mires así!


En las trasciendas atrincheradas
Cabezas rotas
Arrullo de lluvias dulces
Descalzo en la fangosa puerta
Tendremos que tumbarnos en las tumbas del vaivén
Epitafios bien pintados de rojo negro y cruel violeta
Enfermos sometidos
Condenados somos todos
Padecemos de creencias
Poco amor y adusta ciencia
Nos miraran a los ojos
Detenidos frente al todo
Las alarmas refulgentes son pacientes de la catástrofe
Pues solo eso somos
Una catástrofe perdida

¡No nos traten así!






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