Alelí
te me caes al suelo y lo transmutas en el cielo, cuéntame donde se hayan los
trazos de sal y miel para herir la certeza de un hombre, rabioso entre espaldas
amuralladas, con el cuervo siguiendo de un ala lo que un llanto bajito no le
canta al alma, entre la penuria del mal traído y la inocencia de un monaguillo,
dime donde nos fue a parir la voluntad de nuestros corazones, en que rincón
ocultas la manera correcta para danzarle
al alba, porque susurras al viento lo
que miento y no siento, a donde vas cuando la noche abraza tu cara, te
lagrimean las venas y se empampa la mirada, ¿porque tus pasos son la historia de
un presente que teme al futuro y se apuñala el pasado?, anda y dime de donde
sacas el agua para inundar cada mañana a la cual te embarcas, dime y antes de
irme, porque le ríes a tus ojos y te ocultas de tus labios, porque debemos ser
dos y no uno, porque plasmar nuestra sombra en un mural de promesas, dime
porque eres tan sublime como el nacer de una estrella, como la lluvia pintando
el invierno de charco fresco, como la mirada de un ángel en tu entierro, como
el día que se prendió el sol, el día que Caín mató a Abel, y si todo esto fuese
poco, contienes en ti la valentía de un hombre que levantó la bandera frente a
sus miedos y quebró la última cadena de su falsa sentencia. Cuéntame alelí que
haces ahí y que hago yo aquí.

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