jueves, 29 de mayo de 2014

Trazo de miel y sal, ¿y donde está tu recuerdo?



Alelí te me caes al suelo y lo transmutas en el cielo, cuéntame donde se hayan los trazos de sal y miel para herir la certeza de un hombre, rabioso entre espaldas amuralladas, con el cuervo siguiendo de un ala lo que un llanto bajito no le canta al alma, entre la penuria del mal traído y la inocencia de un monaguillo, dime donde nos fue a parir la voluntad de nuestros corazones, en que rincón ocultas la manera correcta  para danzarle al alba, porque  susurras al viento lo que miento y no siento, a donde vas cuando la noche abraza tu cara, te lagrimean las venas y se empampa la mirada, ¿porque tus pasos son la historia de un presente que teme al futuro y se apuñala el pasado?, anda y dime de donde sacas el agua para inundar cada mañana a la cual te embarcas, dime y antes de irme, porque le ríes a tus ojos y te ocultas de tus labios, porque debemos ser dos y no uno, porque plasmar nuestra sombra en un mural de promesas, dime porque eres tan sublime como el nacer de una estrella, como la lluvia pintando el invierno de charco fresco, como la mirada de un ángel en tu entierro, como el día que se prendió el sol, el día que Caín mató a Abel, y si todo esto fuese poco, contienes en ti la valentía de un hombre que levantó la bandera frente a sus miedos y quebró la última cadena de su falsa sentencia. Cuéntame alelí que haces ahí y que hago yo aquí.



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