Madre, despierta a tu hijo, es hora de partir y no hay retorno
La muerte nos distanciará de nuestros amigos
El hogar, cosa lejana, se derrumba en mis ojos y lloro a tus pies, sacra vanidad.
El mar antropófago cubre de sal tu boca
La sombra de aquella gran ola, vestida de furia, perpetró mis sueños
Y creyendo haber despertado de tal negrura órfica; la realidad me dio un golpe mucho peor madre.
Abrázame padre porque de mi voluntad temo
A la diestra de tu corazón reposo
Abrazo el tiempo con bríos y este desvanece, me regresa una mirada cuando le pienso
Temo del tiempo; en los sueños le doblego, pero todo es engaño.
La primavera ya cosecha sus vacuas esperanzas otra vez
Tiempo y muerte: la inconciliable condición humana.

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