En mi
corazón elaboro las más patéticas imágenes:
Un adolescente
caminando bajo la lluvia después de un quiebre relacional
La perspectiva
desde las alturas sobre mi muerte y cuanto me llorarían
Gélidos
pasajes cubiertos de penumbra
O mi
padre sosteniendo mi cuerpo, interviniendo en un dramático suicidio, colgando
de una toalla ceñida al cuello, sujeta al balcón.
Estas
imágenes son vistas por mí, en el cinema que albergamos en nuestra cabeza
En momentos
de intenso dolor y malestar emocional, operan cómo espacios fantasiosos donde
logro desplazar todo mi sufrimiento, lo observo a distancia pero sigue siendo
parte de mí, sólo se ha hecho parte de mi gran obra teatral.
Temo
quedar preso de estas escenas, de mi fantástico teatro de lo patético
Pero la
psique y el espíritu se cuidan, se protegen aunque yo no lo quiera, es por ello
que entro y salgo de un marco de realidades, paisajes y sueños que me resguardan
cuando caigo en las grietas de la vida misma.
Nunca
seré tan magno cómo en mi cabeza y no me interesa serlo
Es peligroso
abrazar con afecto estas ideas, podemos terminar engañados por su atractivo
mundo y el cuerpo no discierne verdad de fantasía, por lo mismo en que somos
vulnerables en nuestros sueños.
Una fantasía sin fronteras: cría sueños y te arrancarán de ti mismo.

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