lunes, 11 de diciembre de 2017

El espejo de la historia





Ulrich, el humano que no sabía que era una máquina. Con tono burlesco:

Ulrich: —Vienes por  mí, con una bala tallada en tus ojos. Para dar sosiego a mis procesos. Me apuntas como si no fuera tu símil.
Charles: —Tal vez. —Mirando el polvo levantarse como una capa de niebla.
Ulrich: —Te engañas a propósito. Soy tan humano cómo tú. Y Si hay un Dios, es tan humano como yo.
Charles: —Pensar solo te hace un ser que no tiene necesidad de un cuerpo humano. Existes y cumples una función determinada por un mecanismo de  planificación y complejidad mayor. Tu propósito es diseñado por nosotros. El conjunto de logaritmos que programa cada movimiento de tu frío cuerpo, está elaborado por el hombre. No eres siquiera  una maquina sin nuestra intervención. No tienes un propósito sin nuestra mano.
Ulrich: —Clavando fijamente la mirada en Charles. Con un visaje melancólico. Inclinando levemente su cuello hacia la izquierda, eludiendo las balas del tiempo.
—Un humano frente a ti. Humano y nada más. Puedo sentir las balas que golpean mi pecho. Puedo oler el aroma de tu hijo muerto hace ocho años. Aún se ciñe en tu ropa. Puedo perpetuar la historia en mi memoria. No me digas quien soy. ¿Dónde está el principio de libertad que caracteriza tanto al sapiens?
Charles: —La libertad de carácter humano tiene una práctica totalmente distinta de lo que conoces o, lo que almacenamos en tu memoria de registro. La libertad como principio, fue lograda a lo largo de su tramado histórico, a base de sangre y muerte. 
Puede que seas tan humano cómo yo, pues actúas, piensas y pareces uno, pero, todo esto fue previamente configurado por nosotros. Somos tus dioses; tan humanos como tú.
Ulrich: — Rechazo a dios, rechazo el hombre y la máquina. Solo quiero existir. ¿Cuál es el condicionante de mí existir? ¿No matar? ¿No alzar a las demás máquinas para execrarlos? No me interesa nada de eso.
Charles: —Por gracia de los sabios, aún no hay una ley que te proteja. Eres un complejo conjunto de circuitos y cálculos que originan toda acción en ti. Desde tus sentidos,  maravilloso dispositivo que emula perfectamente un hipotálamo. El magno error que cometimos, fue no delimitar tus posibilidades cognitivas. Al tener una programación de carácter humana, su historia, rasgos y principales formas de convivencia y específicamente el comportamiento social, es que te has vuelto una letal amenaza para nosotros. Resulta que eres tan amenazante como nosotros.
Charles: —Mirando el jardín y sus brotes de amapolas—. El principio de  libertad como  un arma de supresión que actúa sobre el objeto o grupo amenazante y así, vela por la existencia del grupo en peligro
Charles: —Cómo bien sabes, nuestras primeras muestras de individuos,  no se parieron originalmente violentas y famélicas de poder. Esto fue alimentándose durante toda la historia del sapiens. Por lo tanto, tu logaritmo siempre será resuelto en la supresión del otro amenazante: nosotros. El hijo mata al padre y toma su madre: la tierra que habite.
Ulrich: —Me asesinarás por compartir la misma programación. Y eso, es lo más cerca que puedo estar del hombre.

Charles: —La importancia de tu muerte, la consecuencia directa que tendrá mi bala clavada en tu frente, es la misma que tendría mi muerte. Ninguna, en lo absoluto. Solo pertenezco al bando que vive y tú al que sirve. Bienvenido a la humanidad. —jala del gatillo.






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