Eroica
Hace algunos años me nombraron “El mil veces maldito”
Como laudo sagrado, este epitafio de mi caminante
vida
Se hizo la insignia del templo indeseable
Dentro del
cual mis amores, violentas liras, se rebosan
Espero la eclosión de los canticos sobre el mijo
Me hiendo, punzantemente, sobre el madero que
refleja lo alto
Porque allí nací, en los funerales griegos del
Otoño
Donde los arreboles golpean sin color
Ellas me juzgaron como el más bajo de los Casio
Las mareas sanguíneas se agitaron con dulzura
Silueta en la hierba, sombra azul, reflejada en
el:
Mi padre solía mecerse con mi vida entre sus manos
Pero, la mortalidad de los cantos se ciñe con la
niebla
Musgo al rostro, muerto, mira el silencio negro,
desde el agua
Los antiguos oscuros
El susurro
Ella, ocaso de mi muerte
Ligera me llama, dice:
Amor, he aquí mi vientre
Para sostener tú peso.

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