viernes, 15 de abril de 2016

Poesía azul






No, no eran mitos salvajes avasallándose por los escondrijos
Ni murmullos tejidos en los pantanos de la hidro/belleza muerta
Eran las calles torciéndose de extremo a extremo
Por la cuenca sur, un festín de satíricos decibeles
El sonido, etéreo sonido, inmolado en la caja acústica del corazón
Se alza el trueno junto al estruendo junto a la niebla junto a las voces de todas eras:
Nosotros depuraremos las llagas en tus manos
Oscilaremos la bestial tonada del que no fue llamado hombre
Hasta adjudicar en su pecho la bandera del dios muerto
Y de las cabezas sometidas por la esperanza de manantiales rojos
Valles y lagos recorridos por su sangre


Sus manos, caminos inconsolables
Palpable su alma esparcida por el viento
De tu recuerdo, oh, heraldo de la campanada nocturna
Las memorias serán letreros puestos fuera de tu ventana
Y tu mirada por las mañanas estará cubierta de su rostro
El recuerdo inanimado, sostenido en las hojas frutales de un árbol pariendo la primavera


Brinca sobre los fardos
Extrae la reina prosa de su colmena
Álzate sobre las calles vociferantes
Agrede el arquetipo
Si el trueno hablase como los hombres
La voz de dios sería confundida
Y si los ecos de la caminata diurna ofreciesen mejores imágenes
¿Blandirías tu cuerpo calcinado?
¿Serías tierra húmeda mezclada al invierno?
¿Abrazarías esta hora como el último lenguaje provisto de belleza?
Te encontraré en la sombra que divide el sol de tus pasos
No eran amores enlutados avasallándose por los escondrijos
Eran las calles retorciéndonos de extremo a extremo.











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