Ato todos mis sentidos a la
inexorable juventud
El mar de vivientes olas,
ásperas de corazón
Han alcanzado la cúspide de
mi boca
Busco sin temor a caer
La pérdida ciudad de los
vivos
Donde la pasión es concebida
como el único dios
Ato mis letras a los textos
fúnebres
A la vida en sí, a la dama
blanca que embellece mi nariz
Que castiga, enerva y somete
Soy fiel esclavo de estos
tiempos
De estas horas
Y sin más que hacer por lo
dicho
Confieso aquí mi más sentido
pésame
Por las fieras que devastó
mi alma
Perdón por ello y por todo
Soy juez de mis actos, pero
la horca me espera
En el más impuro de los
paraísos
Soy la huella de mi sombra
No dejé recuerdo a
traicionar.

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