domingo, 14 de junio de 2015

Tratado de viajes




Soy eterno, mi alma es una sola con el universo, la expansión infinita de este, da trascendencia a mi espíritu en cualquier plano dimensional de todas las vidas, mi cuerpo es solo un transporte para este mundo. Somos eternos, aquí y ahora.






Sombras y toda carencia de luz, progenitoras de toda ausencia cromática, posean de mil engranes los deseos de mi reloj espiritual, desahucien con imprudencia mis sueños en la eternidad de la noche, devasten con inefable fuerza las cloacas que yacen en mis pulmones, he de respirar la más pura tentación de este siglo, de estas calles, acribillado por los metales y luces tricolores, golpeen sombras; la triste imagen de un vagabundo en llamas, díganse de mi todas las mentiras y verdades posibles, esta cuidad es el imperio de los avasallados, acantilados de lágrimas encarceladas de libertad emocional, ¡ay! de tantos amores en vela, ¿cuál es la más acertada respuesta a mis incógnitas cuando la sangre es más cuestionable que nunca?

Así me adentré a los pilares de cien mil pisos, asomé mi cansada vista por sobre los faros lunáticos que vigilan nuestras posesiones, testigo de marchas fúnebres fui, de jinetes sobre cuatro ruedas, la cruzada mortal por el veneno verde


Derramé tantos vinos sobre las piernas y bustos olvidados, en medio de un delirio poco usual, de carencia poética, tomé las tintas de la pasión y tomé la bastilla blanca que corona el cielo cuando el sol está adormilado, me hallé vivo, tan así, que no comprendí la historia a continuar, cerré mis puños y abrigué mis versos, caminé por la roma antigua, esa de caminos condecorados por llegar a la nada, el sendero  a casa solo me resguarda de dos rutas, la razón o la pasión.













El arte es el  progenitor de todas las voluntades, todas las pasiones, todos los amores y sentimientos que un ser pueda sentir y expresar.
 


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