Ante la duda y el
desacierto de las respuestas
He puesto fin a
la extrínseca memoria de su rostro
No me importa, no
me interesa, no me enamora.
Si el amor llega a la sombra de una bala,
galope furioso en una velocidad inescrutable
Con la voz empampada, yanacona sembrando el
puñal, de un aroma tangible como la esperanza que aguarda en su pecho, el
atónito acto de inmolarse por el otro
La risa idiota, la sinfonía maquiavélica al
sufrir un engaño
¿y quién es fiel a sí mismo? me resulta motivo de crucifixión
¡y aún más! la cuna de judas para quien alardee de serlo, la ecuménica pasión
es inexorable para toda carne.
Ni el metal resiste a este oro alquímico
Ni el cólera a explotar dentro el legado
acuático del llanto
Es el principio de todo y cuando acaba, la
soga tira casi imperceptible
El dolor está en las ojeras desveladas
Y el amor está asqueado como el último trago
de vino amargo.
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