lunes, 16 de febrero de 2015






   Ante la duda y el desacierto de las respuestas
  He puesto fin a la extrínseca memoria de su rostro
  No me importa, no me interesa, no me enamora.



Si el amor llega a la sombra de una bala, galope furioso en una velocidad inescrutable
Con la voz empampada, yanacona sembrando el puñal, de un aroma tangible como la esperanza que aguarda en su pecho, el atónito acto de inmolarse por el otro
La risa idiota, la sinfonía maquiavélica al sufrir un engaño
 ¿y quién es fiel a sí mismo? me resulta motivo de crucifixión ¡y aún más! la cuna de judas para quien alardee de serlo, la ecuménica pasión es inexorable para toda carne.
Ni el metal resiste a este oro alquímico
Ni el cólera a explotar dentro el legado acuático del llanto
Es el principio de todo y cuando acaba, la soga tira casi imperceptible
El dolor está en las ojeras desveladas
Y el amor está asqueado como el último trago de vino amargo.
 






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